Y entonces... ella ya tenía novio.
Por fin!!
Por fin hizo "CLICK"
A punto de cumplirse la tercera semana y la calentura les ganó
Ella se había propuesto dejar de utilizar el vibrador, fiel compañero durante años, en cuanto encontrara a "esa persona especial".
Él, con muchos años de abstinencia, el resultado perfecto para dos cuerpos tiritando de frío, de nervios... de ganas... y de veloz término de ésta, la primera vez.
Ella prometió FIDELIDÁ al susodicho en turno. Debía deshacerse del dildo tan preciado y así lo hizo...
Lo metió en un calcetín negro, por aquello del luto, en el primer cajón del mueble de madera donde guarda la ropa interior... y ahí está, siempre a la MANO por si alguna decepción.
Mar
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16/8/07
30/3/07
TEXTURAS

Nadie puede decir que mi mayor pecado es la gula pues no como en exceso.
Mi dieta se compone de alimentos bajos en grasa y calorías;
carne sólo una vez a la semana, ni helados chorreados con mermelada,
ni panques con frutas secas.
El postre lo saboreo después de la cena y siempre el mismo
desde que te conocí.
Al las diez en punto comienza el ritual
Primero lavo mis manos con agua fría, me acerco al frutero,
cierro los ojos y comienzo a palpar con mis dedos mojados.
Es así como busco lo más tierno, tan suave como terciopelo y firme.
Abro los ojos y descubro que nunca fallo,
he elegido al más rosado y redondo
Lo tomo con delicadeza con mi mano derecha.
A diferencia de todas las frutas prefiero quitarle sus impurezas con mis dedos, frotando cada milímetro, quitando pudores.
Después de un rato su piel ha cedido a mis caricias;
es ahí cuando lo mojo un poco con agua tibia bajo la llave, mientras, sigo frotando despacio, delicadamente.
Tomo un cuchillo y lo parto por la mitad, justo, exacto.
Abierto ante mí,
elijo siempre el lado que conserva el hueso interior, rugoso y oscuro.
Continúo con pequeñas mordidas por las orillas y jalo poco a poco la cáscara con mis dientes, la trago displicente, lo aprieto un poco mientras camino hacia un lugar que me parezca más cómodo para saborearlo, la cocina, la estancia,
mi cama…
¡donde me de la gana!
Lo llevo de nuevo a mi boca para lamer el hueso y su contorno.
No puedo evitar sonrojarme cuando su jugo escurre por mis labios.
Muerdo mas fuerte, succiono y chupo con desesperación,
lo giro para observar la poca piel rosada que aún conserva,
lo froto contra mis labios húmedos para morderlo una y otra y otra vez.
Ante mí, se vuelven a descubrir sus entrañas con su peculiar textura,
una gota dulce cae sobre mi palma y me invita a lamerlo como si fuera tu sexo
éste durazno que tengo entre mis manos.
Marlizet 2006
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